La metáfora fatal del progreso, que significa dejar cosas detrás de nosotros, ha oscurecido totalmente la verdadera idea del crecimiento, que significa dejar cosas dentro de nosotros.
La metáfora fatal del progreso, que significa dejar cosas detrás de nosotros, ha oscurecido totalmente la verdadera idea del crecimiento, que significa dejar cosas dentro de nosotros.
En ciencia uno intenta decir a la gente, en una manera en que todos lo puedan entender, algo que nunca nadie supo antes. La poesía es exactamente lo contrario.
Anneke Short ha creado una colección de posters los cuales incluyen varias citas y otras gemas textuales del mundo del diseño. En el diseño, al igual que en muchas otras profesiones, existen ciertas preconcepciones acerca de lo que hace o no hace un diseñador. Estos posters incluyen algunas de estas suposiciones que han sido experimentadas ya sea por Anneke Short o por experiencia de sus conocidos.
Un planeta es la cuna de la mente, pero no se puede vivir en la cuna para siempre.
Un experto es una persona que ha cometido todos los errores que se pueden cometer en un determinado campo.
El opuesto de una frase correcta es una frase errónea. Pero el opuesto de una verdad profunda puede muy bien ser otra verdad profunda.
No se lo que puedo parecerle al mundo; pero para mi me parece haber sido sólo un niño jugando en la playa y divirtiéndome de tanto en tanto, tratando de encontrar la piedra más lustrosa o la más bella concha, mientras que el gran océano de la verdad yacía sin descubrir ante mi.
Cualquier tonto inteligente puede hacer las cosas más grandes, más complejas y más violentas. Es necesario el toque de un genio —y mucho valor— para moverse en la dirección opuesta.
Imagino… se cazarán alces en los bosques húmedos de los cañones que rodearán las ruinas del Rockefeller Center. Se llevarán ropas de cuero que durarán toda la vida. Se trepará por cepas gruesas como mi muñeca que envolverán el edificio Sears. Y cuando se mire hacia abajo se verán figuras machacando maíz, colocando tiras de venado en el arcén de alguna autopista abandonada.
— Tyler Durden, “El club de la lucha” de David Fincher
La sociedad occidental ha aceptado como incuestionable un imperativo tecnológico que es tan arbitrario como el tabú más primitivo: no meramente el deber de alimentar invenciones y crear constantemente novedades tecnológicas, sino también el deber de rendirse incondicionalmente a estas novedades, sólo porque se ofrecen, sin atender a sus consecuencias humanas.
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